martes, 22 de enero de 2019

El jaleo no se calmó hasta mucho tiempo después. Para ese entonces, el grupo ya había regresado sano y salvo a las carretas, no sin algún que otro jirón en los ropajes. Bronte era el que presentaba más destrozos, pues se había alzado como estandarte y protector de los suyos. Bajo ningún concepto permitiría que se les hiciera el menor daño además de que él lo soportaría mejor todo debido a su gran tamaño. Por ello, fue también el último en volver —¡Malditos malnacidos!— bramó mientras Rubi le vendaba la mano. Tenía unos cuantos cortes sangrantes debido a un golpe accidental, según él, con una ventana —A veces es realmente difícil ¡Verdaderamente difícil, os digo! Esto de mantener la calma y abrazar la paz interior— gruñía.
—¿Quieres estarte quieto de una vez?— le regañó la pelirroja —Como te sigas moviendo voy a tener que atarte el brazo a un árbol— suspiró.
—No. Nunca, Rubi. Es lo que siempre te enseñé: Jamás una cadena, jamás una soga—
—Nada nos retiene— recitó la chica de memoria, como un lema —Ya lo sé, pero trato de curarte. Hazme caso ¿Quieres?— Bronte la miró largamente a los ojos y finalmente suspiró, derrotado. Arym y Lysenia contemplaban la escena no muy lejos, junto a Andre, que mascaba un palito que había sacado de sabían las estrellas dónde.
—Seguro que tiene razón— dijo Arym mirando al rubio Andre —Debe ser realmente difícil querer tener una vida apacible y que allá por donde pases todo sean burlas e insultos—
—Qué nos vas a contar— se encogió de hombros Andre, despreocupado. Estaba más que acostumbrado —Es lo que hay. En este mundo o eres rico o no eres nada. No hay lugar para nosotros, Caleb. Para todo el mundo, salvo unos pocos, somos unos parias. No entienden el significado de lo que hacemos; nuestro sentido del vivir. Creen que somos vagabundos porque no queremos arrimar el hombro en una granja, en un aserradero o cavando minas. Y tienen esa parte de razón, no queremos— se dio con el dedo en la palma de la mano para enfatizar su negación —No queremos ¿Entendéis ambos?— miraba a Arym y a Lysenia de vez en vez —No queremos y por eso no lo hacemos. Es la verdadera libertad. La que nunca sabrán apreciar esa clase de gentuza...— su voz sonaba desanimada —Solo se comportan así porque creen que conocen la libertad. Se conforman con echar el día bajo ordenes ajenas y saborear el pequeño momento cerca de la noche en el que vuelven a casa. Pero eso no es ser libre. Es solo el pequeño pan a cambio de llamarte tonto—
—Creo que sé por donde vas— terció Arym, viendo que se amargaba demasiado redundando en el tema —Pero no es fácil decir "no" a esa clase de vida. El dinero, las denas, es necesario para todo—
—Que me lleve el sol si no lo sé, Caleb— apretó los puños y miró a Rubi terminar de curar a su padre. La chica le abrazaba con cariño y pena —Si no fuera así no habría problemas ¿Entiendes? Antes de conocer a Rubi yo tenía esa clase de vida, pero ella me habló de todo esto— miró al bosque a su alrededor —Me habló de la vida, no de "una" vida. Me enseñó a ver con otros ojos ¿Tienes idea de lo que eso puede significar?— Arym miró por el rabillo del ojo a Lysenia. Ella prestaba total atención al rubicundo mientras hablaba —Desde entonces hemos estado en el camino. Y cada vez que estas... mierdas... pasan...— Arym le puso una mano en el hombro y el muchacho le miró entre apenado e inundado por la rabia.
—Cálmate. Les harás a todos un flaco favor en tu estado— asintió. Lynesia también asintió, apoyando a Arym. Andre bajó la cabeza —No dejes que te consuma. Estoy seguro de que quieres lo mejor para ella y te encantaría ofrecerle una vida de comodidades ¿Pero es acaso la vida que ella quiere? Si la seguiste hasta aquí es porque sabes que es lo que ella desea. No te frustres por todo esto. Es parte de la vida que ha elegido—
—¿Y si Amelia deseara algo que tú no le puedes dar, Caleb?— dijo de pronto, provocando un respingo en el hombre —¿Cómo te sentirías, eh? Porque yo me siento como una rata inútil. Ella no desea lujos, maldición. Sólo quiere vivir en su día a día, sin sobresaltos. Y ni eso puedo ayudarla a conseguir con facilidad ¿Qué hago yo, Caleb? ¿Qué hago cuando le tiran frutas y hortalizas podridas? ¿Cuando la llaman zorra y fulana? ¿Cuando algún maldito monstruo trata de echarle las zarpas para hacerle cualquier perversidad en un callejón abandonado? Estoy ahí. Trato de cuidarla. Pero algo me dice que llegará el día en que no lo lograré, como no lo logro en situaciones como la de hoy. Y eso me destroza por dentro. No pretendo que me comprendas. Que ninguno de los dos me comprenda. Pero todo esto se mezcla con la impotencia, con el rencor... ¡Maldita sea! Si por mi fuera... si sólo por mi fuera...— se marchó, murmurando algo que Arym no llegó a oír. Andre necesitaba estar solo.
—Esto es demasiado difícil, Arym...— musitó Lysenia entrelazando las manos —Debe ser horrible sentirse así...—
—Es la vida que han elegido— Arym trató de mantenerse estoico —Toda decisión siempre lleva a buenos y malos puertos— la miró y le sonrió cálidamente —Tomadlo como una muestra más de experiencia en vuestro día a día, princesa—
—Uy, princesa— la voz de Bronte los sobresaltó. Fue tan repentino que ambos dieron casi un salto en el sitio. A pesar de ser tan grande y ancho, era una completa sombra —Princesa, princesa...— miró calculador hacia Lysenia. Ambos, tanto ella como el guardián, sintieron que estaban a punto de explotar en un mar de sudor frío —Qué romántico— dijo finalmente, encogiéndose de hombros —Aunque más quisiera la princesa ser tan guapa como Amelia ¿Verdad?— regresando a su ánimo general de buena persona, Bronte pareció querer adular a una chica que supuestamente estaba horrible bajo esas cantidades de tela que le cubrían el cuerpo y el rostro. Lysenia pudo sentir claramente sus intenciones y las agradeció de corazón. Evidentemente, no se iba a ofender por algo semejante. Si solo el bueno de Bronte supiera quién es ella. Si solo toda la gente de Vernadel supieran que habían arrojado tomates a la princesa y sus amigos... Le hubiese bastado un chasquido de dedos para que todos se disculparan ante ella y los demás ¿Pero era así como debía ser? ¿Solo por ser quien es? ¿Solo por un título nobiliario? Su padre siempre le enseñó que ella no es más por ser princesa, como él no se consideraba más por ser el rey. Eran grandes según sus acciones. Según los recuerdos, los hechos, que pudieran dejar grabados en el corazón de las personas que algún día conocerían. Esa era la grandeza, la verdadera grandeza. Y en ese caso, Bronte y su familia de trobadores y errantes románticos eran personas de verdadera fuerza e importancia. Era una lástima, una verdadera lástima que los trataran así solamente por no vestir con ropajes caros y vivir en carretas en los bosques en lugar de en enormes casas y castillos. Cada vez estaba más convencida de que en Stelaris y quizá en otros reinos, algo estaba mal. Las ideas, las costumbres, los pensamientos... no estaban bien.

 Las horas pasaron y la noche comenzó a acercarse. Lysenia se había quedado en el campamento mientras que Arym había acompañado a Bronte a dar una vuelta por el bosque a ver qué encontraban para comer. El guardián estaba enormemente incómodo ante la idea, pues significaba dejar sola a Lysenia durante un rato, pero podría quedar demasiado extraño el hecho de no querer alejarse de ella en absoluto. Podría generar pensamientos de falta de confianza y con ello crear animosidad, cosa que no deseaba hacer. Eran buenas personas y sabía que Lysenia estaría a salvo. O eso trataba de pensar a cada paso que daba junto al grandullón de Bronte —Los bosques al atardecer son mi pasión— decía mientras caminaba con un jabalí sobre el hombro. Era un hombre poderoso en lo físico —Y me encanta la sintonía con la naturaleza que uno alcanza al cazar—
—Creía que amar la naturaleza era amar también a los animales— Arym hizo un mohín mirando al jabalí muerto.
—Diablos, sí. Claro que adoro a los animales. Y que me perdonen las estrellas y la Dama, pero est es por supervivencia— dio una suave caricia al pelaje del animal —Si pudiera entender lo que hablamos, si pudiera oirnos, lo comprendería—
—¿Comprenderías a un oso que trata de comerte? ¿O una pantera, o algo similar?— preguntó Arym con tono jocoso.
—¡Y tanto que sí!— rió dándose una palmada en la panza oronda —¿Pero tú has visto esto bien?— se volvió a palmear —Si tengo carne de sobra. Lo más inteligente para un carnívoro que está muriéndose de hambre es venir a por mí— lo decía tan alegre que el guardián no sabía si sentirse incómodo ¿Es que le daba igual morir? —Lamentaría tener que dejar a los míos. Y oh, claramente, no me iría sin luchar. Pero si me gana alguna bestia algún día porque necesita comer, bienvenida sea. Es el ciclo natural de las cosas, Caleb—
—El ciclo natural, eh...— sonrió —Creo que tú y los tuyos sois la panda de holgazanes más extraordinaria que jamás podría haber conocido— aquellas palabras hicieron estallar de risa a Bronte.
—¡Ja! Y tanto que sí. Conste que me tomo lo de holgazán como un apelativo lleno de amor y respeto— disparó una mirada afilada a Arym.
—Claro que sí— rió el guardián —Creeme. De verdad que sí. No podría estar más agradecido—
—Me alegro— carraspeó el grandullón —Y a todo esto, antes de llegar con los demás, quería decirte algo en persona y en la intimidad— Bronte detuvo los pasos y miró a Arym a los ojos.
—¿De qué se trata?— éste se cruzó de brazos, expectante.
—Amelia. Esa tu compañera— hizo un gesto con la cabeza como si estuviera presente —Cuídala mucho o te aseguro que te partiré en dos—
—¿Eh?— Arym abrió los ojos como platos ¿Es que era a caso una especie de espía del rey? ¿Estaba amenazándole, indicándole que sabía que la había dejado sola con unos desconocidos?
—He viajado por medio reino, Caleb. No sé tú, desconozco los detalles más intrincados y oscuros de tu vida. Diablos, nisiquiera conozco los detalles más básicos— rió —Pero he visto a mucha gente. Yo sí. He visto muchas risas, muchas lágrimas, muchos gestos. Muchos ojos. Muchas miradas. Y con todo ello, muchas almas— tomó un tono más serio —Al principio reconozco que me reservaba un poco ante vosotros, pero estos dos o tres días que han pasado volando en viaje a vuestro lado, he podido observar y apreciar que no sois mala gente en absoluto. Tú, sin ánimo de faltar, eres uno de tantos. Un hombre guapete, apuesto y con aires de ser alguien valiente y fuerte— se carcajeó ante la cara descolocada de Arym —Sí, sí. He apreciado que vas con esa espada a todas partes, como si fueras un soldado. Ay, amigo, la vida es mejor sin el acero al cinto. Sin el peso de la muerte sobre tus pasos— suspiró —Pero no tiene nada de malo. Cada uno, lo suyo. Comprendo que para muchos proteger la propia vida es efectivamente lo principal, o lo secundario, si lo principal es la vida de otra persona. Y eso me lleva a Amelia— se agachó un tanto para estar a la altura de Arym y mirarle a los ojos —Ella no es como otras— el guardián tragó saliva —Ella es diferente. No te sabría decir exactamente por qué, pero tiene un brillo especial, un ligero y ruborizado destello que hace que estar a su lado sea calmante y a la vez, enardecedor—
—¿Qué... quieres decir?—
—Que tiene los ojos de alguien que acaba de nacer— confesó —Los ojos de una nueva vida— Arym sintió como una enorme piedra se levantaba de sus hombros. Mentalmente agradecía a cada espíritu, cada estrella, cada cosa que existiera en las leyendas o clamara un poder superior, porque Bronte no supiera la verdad de Lysenia —Jamás había visto a una persona adulta como ella, aunque joven, con los ojos llenos de luces a la lumbre de una hoguera. Con las lágrimas a flor de piel con cada canción o cada historia. A veces habla como si supiera más de lo que aparenta y otras, simplemente, su voz es un hilo del que hay que tirar para poder llegar hasta ella. Es como un suspiro, una leve brisa entre estos árboles que nos rodean— Arym se giró levemente para echar un vistazo al bosque. Pensó en Lysenia y sonrió. Tenía razón. Tenía toda la razón —En ella hay ilusión. Una gran ilusión por todo lo que hace, y todo lo que ve. Ella desprende esperanza. Pero también miedo y dudas. Quizá a causa de las heridas que sufrió— se rascó la nuca y se recolocó el jabalí en el hombro —Eso no lo sabré mejor que tú, pero creeme que sé de lo que te estoy hablando. Mantén viva esa llama, Caleb. Porque gente así no se encuentra todos los días. Y gente que sabe ver el mundo con una mirada tan nueva, puede traer grandes historias y grandes alegrías, pues puede llegar a ver la bondad donde otros solo ven la malicia. Ya sabes a lo que me refiero. No por nada seguís a nuestro lado— sonrió finalmente con cercanía y amabilidad.
—Agradezco en gran medida tus amables palabras sobre Amelia— Arym le devolvió la sonrisa —De verdad—
—Quería decírtelo solo a ti para que sepas mirarla de esta manera. Mírala con los ojos viejos y sabios del mundo, no con los desinteresados y abotargados ojos de la sociedad. Tú que puedes, que eres un ser querido y en quien confía. En ti está más que nadie el ayudarla a ser feliz—
—Claro... Claro que sí— asintió —¿Regresamos?— rió —De pronto me han dado severas ganas de mirarla a los ojos— confesó el guardián. Bronte se echó a reir emprendiendo de nuevo la marcha.
—¡Por supuesto! ¡Cómo no!— le palmeó la espalda de nuevo con fuerza, de forma que Arym casi cae de bruces al suelo —Procuraré que esta noche tengáis algo de intimidad. Ya me entiendes— Arym mantuvo la sonrisa, aunque esta vez... algo tensa.

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