miércoles, 23 de enero de 2019

Al llegar el alba, guardián y princesa dejaron la carreta una vez más. Contemplados como marido y mujer, Bronte les dedicaba unas miradas amables aunque divertidas y pícaras. Arym sabía lo que significaban aquellos ojos. Sabía que pensaba que estaban agradecidos de haber podido disfrutar de una agradable y necesaria noche de intimidad en pareja... aunque no fueron los únicos, precisamente. Todos estaban desayunando a excepción de Andre y Rubi, que se encontraban ausentes. Arym supuso que se trataría de una nueva travesura en pareja. Que quizá andarían fecundando el bosque con los restos de sus salvajes amoríos... pero no podía estar más equivocado.

Minetras Lys tomaba un cálido té de hierbas preparado por la anciana del campamento. Era una mujer dulce y cercana, cariñosa como pocas. A veces parecía ser la madre de todo el mundo, incluso de la princesa, a la que apenas conocía. Arym sonreía a su joven protegida mientras degustaba la calidez en aquella mañana helada cuando oyó los gritos ahogados, cada vez más cercanos, de Rubi —No está ¡No está!— sollozaba.
—Cálmate ¿Quieres?— decía Candler, siguiéndola —Estará en el pueblo. En Vernadel hay mucha taberna donde empinar el codo— caminaba rápido tras ella. La pelirroja llegó hasta la hoguera donde desayunaban los demás, prácticamente tirándose de los cabellos, mirando al suelo.
—¿Ocurre algo?— preguntó Lysenia, bajando la taza de latón de sus labios y cubriéndose velozmente con el pañuelo.
—Andre no da señales de vida— comentó Candler con las manos en las caderas, sopesando el qué podría hacer para calmar a Rubi.
—Ese cabezón y testarudo debe andar por ahí con alguna mozuela— gruñó Bronte. Sabía que su hija tenía un idilio con el rubio, pero no le terminaba de convencer el muchacho. Pese a todo, su filosofía de vida libre y sin ataduras le impedía de toda forma posible el inmiscuirse en la vida de su hija.
—No está con ninguna mujer— dijo su hija mirándole con rabia —Andre no es así—
—Andre es así y todos los hombres somos así— se encogió de hombros el grandullón mordiendo una manzana. Lysenia miró a Arym y éste negó lentamente con la cabeza. No por el asunto de si todos los hombres eran o no así, sino por si sabía algo al respecto.
—Si todos los hombres sois así ya podéis iros al cuerno ¡Todos!— incluso miró a Arym la pelirroja, llena de rabia.
—Creía que os abrazabais al amor libre, también— agregó el guardián cruzándose de brazos.
—Sí, en consenso. Porque en una pareja la libertad de uno acaba cuando empieza la de otro— se enguajó la chica una pequeña lágrima —Y si yo decido que no quiero compartir a mi pareja con otra persona, o no la comparto o no seré su pareja— bufó.
—Creo que estamos juzgando demasiado deprisa— agregó la anciana, aquejándose un poco de la espalda y peinándose los viejos cabellos canos hacia atrás —¿Por qué solo pensar que el bueno de Andre ha ido con otra chica? Hay mil cosas que pueden pasar—
—...Y preferiría que estuviera metiéndola en veinte agujeros distintos en una misma cama a que le haya pasado otra cosa— gruñó Rubi desesperada —¡¿Dónde demonios está!? Es esta maldita incertidumbre lo que me está comiendo por dentro— Lysenia, agitada e incómoda, se atrevió a hablar.
—¿Cuándo fue la última vez que le viste?— dijo, inclinándose un poco hacia la pelirroja y tomándole la mano. Pese a su rabia, la apesadumbrada joven apretó la mano de la princesa con fuerza y necesidad. El contacto físico de alguien que no fuera un hombre que no era Andre.
—Ayer. Se alejaba de vosotros. De algo hablábais ¿Os dijo algo?— Lysenia negó con la cabeza.
—Sólo estaba muy enfadado. Es cuanto te puedo decir— dijo con tristeza.
—Muy enfadado— enfatizó Arym —No me extrañaría que, de haber ido a Vernadel de nuevo, se haya metido en un lío con las autoridades—
—No será capaz...— se apenó Rubi.
—¿Ese zoquete? Oh, ya te digo yo que es capaz. Y si lo ha hecho, que se prepare— Bronte chocó el puño contra la palma de la mano de forma estruendosa —Una de nuestras normas de convivencia es no llamar la atención ¡Nunca! Atraer más problemas sobre nosotros es el peor de los pecados. Bastante tenemos ya con nuestro día a día—
—Padre, hay que comprenderle...— terció Rubi.
—¿Hay que comprenderle si se mete en peleas y nos salpica pero no si se anda follando otros coños?— rugió y su voz casi hizo eco en el bosque. El silencio se veía quebrado por el restallar del fuego bajo la cazuelita de té hirviendo.
—A veces parece que no tienes corazón— la pelirroja se puso en pie muy despacio —En días como hoy y momentos como este me cuestiono si tu modo de vivir y pensar es el correcto. La comunidad antes que el individuo ¿No es así? ¡Entonces ellos dos habrían muerto según tu norma!— señaló a Arym y Lysenia. Obviamente, seguían desconociendo quienes eran. —Si ahora son unos apreciados acompañantes que tan bien te caen, es porque decidí por mi cuenta traerlos sin pensar en si eran alguno de esos...—
—¡Cállate, niña!— tronó de nuevo Bronte, sin dejarla acabar. Miró nervioso a Arym y Lysenia por si se atrevían a preguntar algo, pero no lo hicieron. El guardián de la princesa sin embargo sabía que algo quería ocultar tras ese repentino estallido de ira —Haz lo que te plazca, Rubi. Te he criado en mi filosofía y en mi filosofía te recibiré siempre. Mas si prefieres irte, puedes hacerlo. Sin represalias. La diferencia está en que no estaré ahí cuando quieras volver—
—Otra amenaza velada— sonrió la pelirroja derramando una lágrima que recorrió su mejilla con gran velocidad. Lysenia se quedó pasmada viendo caer la gotita al suelo —¿Cuántas van ya?— sonrió sarcástica y triste —¿Estás deseando que me vaya, verdad? Porque no siempre te río las gracias, como los demás— Candler, la anciana y el resto balbucearon en baja voz —¡Lo siento, pero es así!— gruñó la joven —Andre ha desaparecido a saber por qué razón. Un hombre al que siento en mi corazón como el mejor compañero que he tenido nunca y el único que no me ha traicionado, padre— se llevó una mano al pecho —Y tú, por la simple razón de que no ha nacido en mitad de un camino, como yo, y por propia voluntad vino con nosotros, le crees inferior—
—Yo no le creo inferior— gruñó Bronte.
—Sí, le crees inferior. Y cuando te da la más mínima oportunidad, le desprecias vilmente, como ahora ¿Y yo, padre? ¿Y si algún día le viera utilidad a una vida acomodada en una villa, pueblo o ciudad? Trabajando de sol a sol por un puñado de denas pero con un techo sobre mi cabeza ¿Me dejarías de lado por ser otra decepción en tu vida?— Bronte apretaba las mandíbulas lentamente mientras miraba a su hija a los ojos.
—Lárgate a Vernadel. Búscalo. Y si lo encuentras, idos los dos— sentenció, sin más. Un hilo de voz severo, grave y autoritario —No pienso volver a levantarme un nuevo día para oír tus palabras de acusación, niña. Ni pienso volver a sufrir esa mirada de rencor— se retiró a su carreta, pues necesitaba soledad. El campamento era un enorme silencio al calor del fuego. Lysenia y Arym se miraron algo sorprendidos, pues el buen ambiente que había reinado durante días se había esfumado... o quizá nunca lo hubo. Tal vez todo era una máscara que ocultaba miles de rencores escondidos.
—Voy a buscar a Andre. Siento el espectáculo. Lo siento por todos. De verdad— dijo antes de irse a toda prisa a coger un caballo y ponerse en marcha rumbo a Vernadel.

 Al cabo de un rato, el silencio aún seguía reinando. Candler no paraba de agitar el pie, nervioso, mirando el fuego. Se pasó la mano por los cabellos y finalmente alzó la cabeza —No puedo con esta ansiedad ¿Y si le ha pasado algo ahora a ella?—
—¿Qué le va a pasar?— preguntó Arym un tanto despreocupado.
—Si Andre está en problemas, ella también lo estará. Ay, Dama... Protégelos— masculló.
—Creo que tiene razón— dijo Lysenia al final —Es peligroso, Caleb— lo miró —Deberíamos haber ido con ella—
—Tiene familia— dijo con dureza el guardián —Una familia que la ha oído y visto ponerse en peligro voluntariamente y que ninguno ha movido el culo— lo dijo en voz alta, para que le oyeran a su alrededor. Ninguno tuvo valor de rebatirle —Hasta su propio padre la ha condenado al ostracismo ¿Qué podemos hacer nosotros? Nada— declaró, mirándola fijamente a los ojos con intenciones. No pensaba ser el guardián de cada persona que se encontraran por el camino.
—Caleb...— Lysenia le miró con las mismas intenciones de convencerle —Ella nos salvó. Nos dio un lugar donde dormir y comida caliente que llevarnos a la boca— señaló con la cabeza al mendrugo de pan que Arym se estaba llevando a la boca. Éste se detuvo y miró el trozo de pan. Reflexionó unos segundos.
—Maldita sea, mujer...— Lysenia le miró divertida. "Mujer", una forma muy común e incluso vulgar de referirse a una chica, pero le hizo gracia que Arym la llamara así. Quizá se estaba creyendo el papel de marido.
—¿Decidido, pues?— la princesa se puso en pie y Arym la siguió con la cara larga —Nosotros iremos a buscarla. Se lo debemos. A ella y a Andre—
—Sois un regalo de las estrellas, los dos— sonrió Candler —Mil gracias— bajó la cabeza —Mil gracias por hacer lo que nosotros no nos atrevemos a hacer— le tembló la voz.
—No... hay de qué— bufó Arym.
—Coged dos caballos. Daos prisa, por favor. Regresad con ellos sanos y salvos— pidió la anciana con lágrimas en los ojos.
—Lo haremos— dijo Lysenia convencida. A Arym no le gustaba nada todo eso.

Cabalgaron hasta llegar a Vernadel, lugar que no habían dejado muy lejos por fortuna, pues Lysenia no es que estuviera especialmente acostumbrada a montar a gran velocidad a caballo. Pese a que Vernadel era un pueblo, era bastante complicado discernir hacia dónde dirigirse a partir de entonces, ya que tenía varias calles por la que podrían haberse metido. Arym y la princesa descabalgaron y tiraron de las riendas de los caballos mientras avanzaban al paso, mirando en todas direcciones —¿Qué podemos hacer ahora?— se preguntó la chica, dándose cuenta de que quizá había sido algo impulsiva en la intención de ir a por Rubi y Andre.
—Creo que tendremos que utilizar una técnica de rastreo ancestral— dijo Arym con aires, aguzando la mirada.
—¿Rastreo... ancestral?— el misticismo embriagó a Lysenia, que se imaginaba una gran cantidad de barbaridades típicas de libros de entretenimiento y aventura. Casi se emocionó al ver a Arym andar de nuevo, esperando ver qué se traía entre manos.
—Disculpa— dijo parando a un transeunte —¿Ha visto a una chica pelirroja perdida, buscando a un tipo rubio de bigote erizado? Responde al nombre de Rubi— el transeunte negó con la cabeza y se marchó.
—¿Ese es tu rastreo ancestral?— alzó la chica una ceja.
—Preguntar a los ciudadanos— se encogió de hombros Arym —A veces es más útil de lo que parece— Lysenia negó con la cabeza, bufó, suspiró... y rió. Arym no dejaba de sorprenderla, desde luego —¿Qué te parece tan gracioso?—
—Nada, nada— decía ella caminando —Vamos, tenemos que encontrar a estos dos. Se lo debemos—
—No. Eh, eh— llamó —Dime qué es tan gracioso— ella no le respondió, pero seguía riendo en voz baja. Se sentía algo mal por ello, pues realmente estaban en una situación que podía ser desesperada si algo les había pasado a Rubi y Andre, pero cada vez Arym se la ganaba un poco más. Era sin duda una agradable compañía capaz de hacer reír hasta en los momentos arduos, cosa que ella sabía que no tardarían en llegar, una vez alcanzaran Manine. Pero de momento, lo importante era encontrar a la joven pareja bohemia...

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