jueves, 17 de enero de 2019

Afortunadamente aquella era una noche clara y serena. La luna brillaba alta, hermosa y limpia. Su luz mortecina, reflejada del sol, bañaba todo cuanto los ojos de ambos viajeros alcanzaban a encontrar con la vista. El camino se vislumbraba sin mayores problemas, al igual que los árboles y varios metros por delante de la pradera. Las estrellas titilaban de una forma que Arym no recordaba, pues desde Stelaris, tan grande y majestuosa, repleta de antorchas y candelas, opacaban la vista de semejante fenómeno estelar —Os parecerá una tontería, alteza, pero viendo este panorama— señaló al cielo con la barbilla —casi me alegra el robo de los caballos— rio.
—Comprenderás que a mí no— comentó la princesa algo compunjida, abrazándose a sí misma ante el relente nocturno y sintiendo el ligero hormigueo del constante caminar en sus pies poco acostumbrados —Una noche estrellada no merece tal sacrificio— Arym se encogió de hombros ante su afirmación.
—Para mí, un poco— mantuvo la sonrisa —La verdad es que, siendo sinceros, no recordaba este panorama—
—¿Es que no miras al cielo por la noche?— ella le miró.
—Siempre. Pero no se aprecian como ahora. Ni en sueños— las palabras de Arym hicieron que Lysenia ladeara la cabeza un tanto.
—¿No?— Arym la miró directamente ante su pregunta y ambos permanecieron en silencio un instante. Sólo el crujir de la tierra bajo sus pasos y el silbido cantarín de una brisa entre las hojas se mantenía sonando entre ambos —Supongo que es otra de las particularidades de ser al heredera— reflexionó en voz baja.
—¿Decíais?— Arym se inclinó un poco hacia ella para oirla mejor.
—No, no es nada— Lysenia se ajustó el pañuelo que le cubría la cara —Pensaba en voz alta, solo es eso. A veces lo hago—
—¿Habláis sola como una perturbada?— la sonrisa pérfida y burlona de Arym mostró ligeramente sus dientes. Le entusiasmaba la idea de probar sus límites y los de la princesa, era excitante.
—¿Me acabas de insultar?— Lysenia detuvo el paso y miró muy fijamente al guardián. No con ojos furiosos, sino sorprendidos. Era la primera vez que alguien le sugería o insinuaba insulto alguno.
—¿Yo? ¿Insultaros? Por las estrellas, no. Antes me cortaría la lengua que insultaros y que me manden colgar en el patíbulo— comentó animado como si aquello nunca fuera a suceder.
—Has insinuado que si hablo sola soy una perturbada— entornó la chica la mirada.
—Solo era una pequeña a inocente comparativa, alteza— a Lysenia no se le pasaba por encima el tono burlón que no podía esconderse en la voz de Arym. Era un tanto insufrible, pero... ¿divertido, era la palabra que buscaba?
—¿Te parezco una perturbada?— al ver que la princesa no caminaba, él también detuvo finalmente su avance y la miró. Se puso serio al comprobar que quizá sí había pinchado en hueso. Que tal vez había errado el camino y no debería haberle dicho eso a su señora.
—Yo...— se rascó la nuca —De verdad, alteza. No pretendía ofenderos. Es una forma coloquial de hablar, ya sabéis— suspiró pesadamente —No acostumbro a hablar con la alta alcurnia. Vuestro padre, mi rey, apenas se relaciona con sus soldados. Supongo que es normal. Vos sois por supuesto el mayor tesoro y misterio del reino. Bendito es aquel o aquella que puede hablar con vos y relacionarse. Yo no soy de esas personas. De hecho a cada paso que doy me pregunto si este viaje me viene grande. No soy un tipo educado. No soy alguien con la clase suficiente para acompañar a una princesa y menos a la heredera de la Dama del Alba. Si os he ofendido, pido mil disculpas— inclinó completamente la cabeza hacia ella. Pasaron unos segundos y Lysenia no dijo ni una sola palabra, sino que echó a caminar nuevamene. Arym no se atrevió a moverse del sitio. Esperaba una reprimenda. Quizá una charla sobre cómo no debería tratarla y que, seguramente, se ciñera a su papel de guardián y le hablase lo menos posible. La ira de las familias reales era bien conocida a lo ancho del continente. Todos los nobles contaban con una envidiable mala baba que solía hacer temblar a la soldadesca y Arym, como buen miembro de la guardia real, sabía a lo que atenerse aunque a veces le perdiera la lengua. Para su sorpresa, al pasar la princesa por su lado, lo que oyó era una risilla ahogada entredientes. Al percibirlo, la miró —¿Os... estáis riendo?— la risilla se hizo más notoria —¿Os estáis riendo... de mí? ¿Os estabais burlando con esa pregunta y esa mirada severa?—
—No me lo tengas en cuenta, guardián— dijo con un tono sarcástico —Solo soy una perturbada— agregó jocosa y prosiguió el camino. La envolvía un halo de dulzura extraño. Parecía algo más relajada. Arym la acompañó en la risilla. No se esperaba para nada que la chica tuviera ese sentido del humor y ciertamente lo agradeció. Aunque no le durara demasiado, era una señal abrumadoramente agradable para el resto del viaje.

Al cabo de una hora más de camino, Lysenia se desvió ligeramente hacia uno de los árboles. No se había quejado en absoluto en todo el camino, pero Arym sabía que estaba cansada. Supuso que lo que quería era, en efecto, tomar un respiro, por lo que no opuso objeción alguna. La siguió hasta los pies del árbol y allí la vio sentase contra el tronco, suspirando —Necesito un pequeño respiro— confesó —Estoy cansada, tengo sueño, no dejo de pensar en los caballos...—
—Descuidad. Yo vigilaré. No encenderé un fuego para no atraer a gente indeseable— explicó desenvainando la espada —¿Queréis comer algo?— Lysenia negó con la cabeza.
—Sólo dormir, por favor— Arym asintió.
—Descansad pues, princesa— sonrió amablemente. Ella le devolvió la sonrisa aunque poco se pudo apreciar.
—Gracias por lo de antes— agregó la chica.
—¿Decíais?—
—Lo de antes. Lo de llamarme perturbada—
—Alteza, ya os expliqué...—
—Ya lo sé— le cortó la chica —No estoy enfadada. No me ofende, no me ofendí ni me ofenderé si algún día lo piensas— miró a las estrellas entre las ramas del árbol —¿Qué puedo ser, si no? Una loca que espera volver a bailar con las estrellas...— Arym sintió que esas palabras no iban dirigidas a él.
—¿Bailar con las estrellas...?— la miró extrañado. Quizá él era el loco, porque juraría que las estrellas brillaban más en ese preciso momento. Veía a la princesa con mayor claridad pese al árbol. No lo hubiese creído de no haberlo visto. Ella ya tenía los ojos apaciblemente cerrados y respiraba despacio. Era como si aquel leve y tenue resplandor, cálido pese a la humedad nocturna y la fresca brisa, la arruyara como una nana. Contempló en toda su magnificencia a Lysenia de Stelaris, la princesa que heredó la gracia de las estrellas de la Dama del Alba. La prueba viviente de que una diosa pisó la tierra que habitaban. La reencarnación, por así decirlo, de aquella diosa. Hasta ese preciso momento Arym no llegó a apreciar el verdadero significado de aquella tarea que estaba llevando a cabo. No fue sino hasta ese momento mágico en el que comprendió que de verdad estaba ante un ser mágico y maravilloso al que debía proteger. Si todo era verdad, todas las historias... No, no encontraba palabras para describirlo. Solamente se limitó a pasar las horas junto a ella, guardando su sueño.

 Fueron dos aproximadamente las horas que la princesa durmió tan dulcemente como en los brazos de una madre cuando Arym creyó oír algo en las proximidades. Empuñó la espada con fiereza pero optó por no despertar a Lysenia, no aún. Pasos. Oía pasos en la hierba. Y voces. Dos. Hombre y mujer, conforme las distinguió. Risas... ¿Risas? El guardián comprendió que no debían de ser precisamente un peligro ante aquel ambiente alegre que se acercaba hacia su dirección, pero prefirió no confiarse.

Poco a poco, cada vez más cerca, las voces reían y reían cada vez más alto. Lysenia se acurrucó, agitada por el ruido, aunque no llegó a despertar. Finalmente Arym vio la luz, el fuego de una lamparita con aceite portando una llama y dos jóvenes que se acercaban a uno de los árboles. Las risas no eran tan divertidas, sino pícaras. La mujer era joven, de cabellos rojizos y piel pecosa, blanca como la luna. Se tiraba de los cordeles del corsé mientras se arrinconaba a sí misma contra el tronco, mordiéndose el labio, alzando las cejas. El muchacho era tan joven como ella, próximos a la edad de la princesa. Dejó caer la lámpara al suelo para que los iluminase y se repeinó el bigotillo con puntas afiladas hacia arriba con una mirada muy interesada en el creciente escote de la mujer. Así pues, una vez la pelirroja decidió liberar por completo sus exuberancias, el muchacho se apretó contra ella en cuerpo y alma contra el árbol, besándola con pasión mientras le apretaba los senos como el hambriento que consigue un pedazo de carne. Arym se limitó a pestañear apenas unos metros a un lado. El contraluz de la lámpara les impedía verle —¿Arym...?— bostezó la princesa —¿Qué ocurre...?— Lysenia despertó ante los jadeos, chasquidos de besos y gemidos de la chica mientras el desatado hombre del bigotillo la manoseaba por todas partes. Al ponerse en pie y alcanzar de un paso al guardia que espiaba junto al árbol, no pudo evitar dar un respingo ante la salvaje y erótica escena. Se llevó una mano a la boca cubierta por el pañuelo de forma instintiva y los amantes se detuvieron.
—¿Has oído eso?— preguntó la chica apresurada, cubriéndose con los brazos. El acompañante, con una notoria dureza molesta en sus pantalones, tomó velozmente la lámpara e iluminó en dirección al ruido. La luz del fuego reveló a un sonriente Arym y a una agitada y ruborizada bajo el pañuelo Lysenia —¡Dioses!— clamó la muchacha cubriéndose aún más.
—Dioses, sí...— asintió Arym muy pícaro.
—¿¡Quienes sois vosotros?!— gruñó el del bigotillo, buscando en sus ropajes una navajilla que apenas medía como un dedo índice.
—Vamos, tragico amante— Arym se apoyó la espada en el hombro como señal —¿De verdad crees que vas a amendrentarme con eso? No hay tamaño para comparar— guiñó el ojo con doble sentido.
—No llevamos nada encima— advirtió el muchacho.
—Algunos menos que otros— rió Arym señalando con la cabeza a la chica que se colocaba el corsé a toda velocidad —Siento la interrupción. Iba a ser divertido— Lysenia le dio un codazo al guardián —¿Qué?— la princesa le miraba reprobándolo —Está bien...— suspiró —Baja el cuchillo, pichabrava— él hizo lo propio, enfundando la espada —Solamente somos un par de viajeros que hacíamos noche hasta que habéis venido a molestar con el fornicio—
—¿Aquí en mitad del bosque y sin una hoguera? Esto huele a emboscada— gruñó el muchacho aún cuchillo en ristre.
—¿Y qué te iba a robar?— entornó la mirada Arym —A mí solo me importa mi compañera. No tengo interés alguno en cualquier baratija que portéis. Si no teniamos un fuego es porque no queriamos llamar la atención—
—Pues sólo os hace ser más sospechosos si cabe, diablos— el del bigotillo empezó a calmarse por fin.
—Andre... Baja el arma— pidió la pelirroja una vez vestida y más tranquila. No dejaba de mirar a Lysenia.
—Vuelve con los demás, Ru. Di que mejor acampemos en otro sitio. No queremos problemas con este tipo y su espada—
—Andre... Ella tiene frío— señaló. Arym miró a Lysenia y comprobó que, en efecto, no paraba de temblar.
—¿Estáis bien?— le musitó en baja voz para que no oyeran el trato señorial hacia ella.
—S-sí... Me encuentro un poco helada, es todo— asintió.
—A quién se le ocurre acampar sin fuego en estos bosques tan fríos— regañó la peliroja mirando a Arym —Venid con nosotros, tenemos fuego y somos un grupo mayor. Nadie os hará daño. No debéis temer—
—¡Pero Ru!— rugió Andre, quejoso.
—Nada de peros. Mi padre les dara cobijo encantado. Odiaría que dejasemos a la interperie a dos viajeros desamparados— dijo al chico con voz severa.
—No estamos desamparados. Tenemos comida— comentó Arym un poco insultado. Él no estaba desamparando a su princesa. Jamás.
—No es suficiente en estos caminos, buen hombre. Mantenga la espada en su cinto, por favor, y venid los dos— le ofreció la mano a Lysenia con una sonrisa brillante y dulce. La princesa miró a Arym y éste asintió despacio.
—Vamos juntos— Lysenia asintió ante el apoyo del guardián y siguió a la peliroja pero sin tomarle la mano ¿De dónde salían tantas confianzas? Por un momento resultó sospechoso. Bastante sospechoso —Siento que tú también tengas que tener la espada en el cinto, campeón— se burló Arym pasando junto a Andre —Es bastante guapa—
—Métete esos ojos en el culo, desconocido. Ni se te ocurra echarle las zarpas encima a Rubi o te descuartizo— advirtió.
—Claro, claro. Sólo espero que tengas una espada más grande— dijo dejándole atrás, quitándole importancia con un gesto de la mano —En todos los aspectos— inquirió finalmente partiéndose de risa. Lysenia volvió a darle un empujón leve con el hombro para que dejase en paz al muchacho, pero era superior a él. Necesitaba desfogar un poco su carácter burlándose de alguien y la princesa no era precisamente un buen objetivo. También era una prueba, claro está. El muchacho, aunque armado, frenaba la mano. La peliroja, pese al susto, era cálida y cercana por alguna razón con Lysenia. No parecían ser mala gente o ya habrían entrado en algún tipo de trifulca. Claro está, siempre podía ser una trampa, pero Arym estaría preparado en ese caso. Su espada estaba lista para morder cualquier tipo de carne que se pusiese por delante. Protegería a la princesa a cualquier coste. Esa era su determinación.

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